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Padres brillantes, maestros fascinantes (Parte I)

 

Augusto Cury, Padres brillantes, maestros fascinantes. Planeta, 2011. 1ª Edición 2007

PRIMERA PARTE

DIAGNÓSTICO: SÍNDROME DEL PENSAMIENTO ACELERADO

 En los últimos años son numerosos los libros que quieren ayudar a los padres y a los profesores en la educación de los jóvenes. El cambio en el sentido de la disciplina, que en las décadas anteriores impedía cualquier manifestación que podíamos llamar poco usual así como el acceso universal a la educación han hecho que afloren circunstancias que antes no aparecían en el entorno educativo, tampoco en el familiar. Por esto, tanto los padres como los profesores necesitan hacerse con estas circunstancias, conocerlas, dominarlas y poner su destreza y conocimiento al servicio del crecimiento de los jóvenes.
Centrados ahora en la parte relativa a los maestros, seguimos las pautas que ofrece Augusto Cury, psiquiatra en ejercicio desde el año 1980.
En primer lugar Cury distingue entre buenos maestros y maestros fascinantes. Son estos últimos los que tienen la posibilidad de «entender la mente del alumno y tratar de encontrar respuestas infrecuentes, distintas a las que el joven está acostumbrado» (72). Einstein decía con razón que es loco el que intenta obtener distintos resultados haciendo siempre las mismas operaciones. Pues bien, si intentamos una y otra vez tener éxito en las aulas y hacemos siempre lo mismo, no tendremos éxito alguno. Hay que buscar caminos no transitados.
Para entender mejor la mente de los jóvenes, Cury nos habla de un síndrome, denominado SPA (Síndrome de Pensamiento Acelerado) que ha sido generado por la televisión a lo que se debe añadir los videojuegos. El problema principal de la televisión con su exceso de imágenes y acontecimientos, lo mismo se puede decir de los juegos, es que la velocidad de los pensamientos está ficticiamente acelerada. La consecuencia de esto es clara: «una disminución de la concentración y un aumento de la ansiedad» (73).
El llamado síndrome SPA genera una «hiperactividad de origen no genético» (76). Siempre ha habido temperamentos más nerviosos, nerviosismo de carácter endógeno, sin embargo el nerviosismo del que hablamos es adquirido, y esto tenemos que entenderlo si queremos educar mejor en las aulas.
Tres son las causas del SPA:
1-. Exceso de estímulo sonoro y visual.
2-. Exceso de información.
3-. Paranoia del consumo y de la estética que dificulta la interiorización.
Todas estas cosas contribuye a que se pierda interés por lo cotidiano, que se presenta de forma más pausada: «Las personas que sufren SPA están siempre inquietas, intentando capturar un estímulo que las alivie» (77). Los profesores tenemos que entender que muchos de nuestros alumnos sufren de este tipo de ansiedad.
¿Qué podemos hacer en las aulas? Tranquilizar: «es necesario conocer el alma humana para descubrir herramientas pedagógicas capaces de transformar (. . . ) el aula en un oasis y no en una fuente de estrés. Es una cuestión de supervivencia, pues de lo contrario, alumnos y maestros no tendrán calidad de vida. Y eso ya está sucediendo» (77)
Isabel Gallego
Departamento de Convivencia
IES Antonio Gala
Alhaurín el Grande
Málaga

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